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¿Porque quería una charla conmigo? No lo sabía, pero desde meses atrás me moría de ganas por tener esta conversación. Al fin, sin esperarlo, la oportunidad se presenta. Este momento trajo gran expectación, un nerviosismo como nunca antes inundaba mi mente: ¿Que me comentaría? ¿Estaría de mi parte? ¿Desearía escucharme? Innumerable era la cantidad de cuestiones que venían a mi mente y mayor era la cantidad de posibles respuestas que formulaba mi pensar. En el ansiado momento todo cambio, mi corazón cobraba esperanza, recibiendo confort, al mismo tiempo que se desasía y caía en mil pedazos por lo complicado de la situación. En aproximadamente cuarenta y cinco minutos todo fue dicho y oído. También vale la pena mencionar lo bueno del platillo que acompaño la charla: ¡enchiladas suizas! Aun no sé bien que sentir y mi mente no termina de asimilar aquellos minutos. La conclusión es aun superficial: aquella charla no cambio nada, la vida continuara su curso, pero siempre me acompañara, será parte de mi recuerdo, y estará en conciencia por siempre. Estoy segura que en estos días mi mente se irá esclareciendo y aquella tertulia cobrará sentido absoluto.

liza dijo
todo siempre pasa por algoo...
13 Junio 2008 | 04:21 AM